Un equipo de investigadores descubrió que las plantas emiten sonidos ultrasónicos —imperceptibles para el oído humano— cuando atraviesan situaciones de estrés, según un estudio publicado en la revista Cell. El hallazgo, centrado en plantas de tomate y tabaco, documenta hasta 40 sonidos por hora, dependiendo de la especie y del tipo de estrés al que están sometidas.
Los sonidos aparecen sobre todo ante dos situaciones muy concretas: el corte o daño físico del tallo, y la deshidratación prolongada. En las plantas sedientas, cuanta más agua perdían, más aumentaba la frecuencia de emisión, como si la intensidad del sonido fuera dibujando la urgencia de la sed.
El fenómeno no se limita al tomate y al tabaco: los científicos detectaron el mismo patrón acústico en trigo, maíz, vid y cactus, lo que sugiere que este mecanismo podría estar mucho más extendido en el reino vegetal de lo que se pensaba hasta ahora. Eso sí, el propio equipo insiste en una aclaración importante: el hallazgo demuestra una respuesta fisiológica al estrés, no una prueba de que las plantas sientan dolor.
En la práctica, esta línea de investigación ya se explora para la agricultura: micrófonos capaces de «escuchar» cuándo un cultivo empieza a sufrir por falta de agua podrían ayudar a optimizar el riego y reducir el desperdicio hídrico en un planeta donde el agua dulce es un recurso cada vez más disputado.
Por ahora, el mensaje es más filosófico que práctico: un huerto en silencio puede estar gritando, aunque nuestros oídos —hechos para otras frecuencias— nunca lleguen a escucharlo.





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