Lunes, 7 de septiembre de 2026
Internacional · Ciencia

Un riñón de cerdo modificado genéticamente mantiene con vida a un hombre durante nueve meses hasta lograr un trasplante humano

Surgeons in an operating room performing a complex medical procedure under bright lights.

Un hombre de 66 años con insuficiencia renal terminal por diabetes tipo 2 logró pasar 271 días sin diálisis gracias a un riñón de cerdo modificado genéticamente, hasta que pudo recibir finalmente un trasplante de donante humano. El caso, tratado en el Mass General Brigham (Estados Unidos) y documentado en un estudio publicado en The Lancet, representa la supervivencia más prolongada sin diálisis registrada tras un xenotrasplante porcino, y la primera vez que se usa un riñón animal como «puente» temporal hasta la llegada de un órgano humano.

Antes del procedimiento, el paciente tenía apenas un 9% de posibilidades de recibir un riñón humano en un plazo de cinco años, frente a un riesgo superior al 40% de morir o ser dado de baja de la lista de espera. El riñón, procedente de un cerdo miniatura de Yucatán modificado para ser compatible con el sistema inmunitario humano, le fue trasplantado en enero de 2025 y funcionó de inmediato. Hubo un episodio temprano de rechazo que se resolvió con tratamiento, y no se detectó transmisión de patógenos porcinos.

A los seis meses, aparecieron lesiones en los vasos sanguíneos del riñón que progresaron hasta provocar un fallo del órgano, por lo que fue extirpado. Un dato llamativo: el paciente no produjo ningún anticuerpo detectable contra el riñón de cerdo, lo que sugiere un mecanismo de rechazo distinto al habitual en los trasplantes de órganos. Tras varios meses de vuelta a diálisis, recibió un riñón de un donante humano fallecido, que funcionó con normalidad durante los seis meses de seguimiento posterior.

Los propios autores subrayan que se trata de un único caso, sin grupo de comparación, y que el resultado refleja una selección muy cuidadosa del paciente y una atención especializada intensiva que quizá no esté disponible en otros centros. Aun con esas limitaciones, el caso ilustra el problema de fondo: la escasez de órganos humanos disponibles para trasplante, que deja a miles de pacientes con insuficiencia renal terminal dependiendo de la diálisis mientras esperan un donante compatible.

«Sabemos que la mejor opción terapéutica para los pacientes con enfermedad renal en fase terminal es el trasplante, pero sencillamente no disponemos de suficientes órganos humanos para realizar trasplantes a tiempo», explicó Leonardo Riella, del Mass General Brigham. Para su equipo, el xenotrasplante no busca sustituir la donación humana, sino ganar tiempo: funcionar como puente para que los pacientes dejen de depender de la diálisis mientras esperan un riñón y, si demuestra su seguridad y durabilidad a largo plazo, convertirse eventualmente en una terapia definitiva por derecho propio.

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