Domingo, 6 de septiembre de 2026
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Irán y Estados Unidos intercambian misiles y petroleros hundidos en el estrecho de Ormuz mientras el crudo se desploma un 76%

Ataque estadounidense a tres petroleros iraníes. EFE

El pulso militar entre Irán y Estados Unidos en el estrecho de Ormuz volvió a subir de nivel este fin de semana: el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, el CGRI, aseguró haber atacado seis embarcaciones, tres petroleros que cruzaban el estrecho «sin autorización» y tres buques vinculados a Estados Unidos, y haber lanzado misiles balísticos contra un portaaviones y una fragata estadounidenses, a los que dice haber dañado y obligado a retirarse. Washington lo niega: el Mando Central, Centcom, sostiene que su portaaviones y su destructor lanzamisiles esquivaron los proyectiles sin sufrir daños ni bajas, y responde con hechos: la destrucción de tres petroleros iraníes, el M/T Downy, el M/T Stark 1 y el M/T Kylo, que Washington describe como parte de una red clandestina que financia al CGRI.

El almirante Brad Cooper, jefe de Centcom, resumió la lógica del conflicto sin rodeos: «si atacan dos de nuestros barcos, les impondremos un coste económico mayor: destruiremos tres de los suyos». Es la misma aritmética que empezó en febrero con la Operación Epic Fury, que arrasó más de 5.000 objetivos iraníes, y que ni el alto el fuego de julio ni el memorando de 60 días, caducado el 17 de agosto sin acuerdo, lograron detener.

Mientras los mandos militares miden su fuerza a misilazos, el coste real recae en quienes no disparan ni un solo tiro. El tráfico de petróleo por Ormuz, paso obligado para una quinta parte del crudo mundial, se ha desplomado de 20-21 millones de barriles diarios a solo 4,9 millones: una caída del 76% que ya encarece el combustible en medio planeta. Las navieras pagan primas de seguro disparadas para cruzar el Golfo, y las aerolíneas han tenido que desviar sus rutas para esquivar el espacio aéreo de Oriente Medio, sumando horas de vuelo y combustible que termina, como siempre, en el billete del pasajero.

Ninguno de los dos bandos habla de negociar. Cada ataque se responde con otro más duro, cada tanque hundido con tres más, y la única certeza es que el Golfo Pérsico seguirá siendo, un día más, el lugar donde una guerra de generales se cobra su peaje en los bolsillos de quienes solo querían llenar el depósito o coger un vuelo.

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