Lunes, 7 de septiembre de 2026
Internacional · Ciencia

Estos son los 5 alimentos con más microplásticos que comemos sin saberlo

High-angle shot of uncooked white rice spilling from a ceramic cup onto a smooth surface.

Pexels

Greenpeace ha identificado los cinco alimentos y bebidas de consumo diario donde se concentran más microplásticos, la contaminación plástica que ya se cuela en el organismo humano sin que la mayoría lo sepa. La lista incluye la sal, las bolsitas de té, el arroz, el pescado y marisco, y el agua embotellada — productos que están en la cesta de la compra de cualquier familia, no en un laboratorio.

Los datos son concretos. Un estudio de 2023 encontró que la sal rosada del Himalaya, vendida como opción «natural», contiene más microplásticos que la sal de mesa común. Una sola bolsita de té de las que parecen de papel puede liberar millones de partículas en el agua caliente, según un estudio canadiense. La Universidad de Queensland calculó que cada 100 gramos de arroz aportan entre 3 y 4 miligramos de microplásticos — cifra que se dispara hasta los 13 miligramos en el arroz instantáneo, el más procesado y también el más barato. El pescado y el marisco acumulan las partículas que flotan en los océanos, y algunas marcas de agua embotellada llegan a registrar miles de partículas por litro, muy por encima del agua del grifo.

La ciencia todavía no tiene una respuesta cerrada sobre qué le hace exactamente el plástico al cuerpo humano a estas dosis: los efectos siguen bajo estudio. Pero la ausencia de certeza absoluta no es motivo para la tranquilidad — la exposición es diaria, acumulativa y, sobre todo, involuntaria.

Porque aquí no hay elección real. El arroz instantáneo, la opción más contaminada, es también la más barata y la que compran las familias con menos tiempo y menos recursos. El agua embotellada, muchas veces más cara que la del grifo, se convierte en la única alternativa donde el suministro público no es fiable — y quien no puede pagarla termina bebiendo la más expuesta al plástico sin saberlo. La contaminación por microplásticos no distingue por clase social a la hora de existir, pero sí distingue por clase social a la hora de evitarla.

Greenpeace lleva años señalando lo mismo: el problema no está en la cesta de la compra individual, está en una industria que produce plástico sin control desde hace décadas y en gobiernos que tardan en regularla. Cambiar de marca de sal no resuelve nada si el plástico sigue entrando al mar, al suelo y, finalmente, al plato.

Comentarios (0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te recomendamos