El presidente de Colombia, Gustavo Petro. Fuente EFE
El concepto de Colombia como una «Potencia Mundial de la Vida», impulsado por el gobierno de Gustavo Petro, ha situado la justicia climática y la dignidad social en el centro de la agenda pública. Este enfoque propone una labor pedagógica profunda: comprender que no es posible alcanzar una paz verdadera sin un reparto equitativo de la tierra y una protección férrea del medio ambiente.
Históricamente, la dependencia de un modelo extractivista ha concentrado la riqueza en las grandes élites. Frente a esto, la gestión actual prioriza a las clases más vulnerables a través de una transición energética justa y una reforma agraria estructural. Sin embargo, la descarbonización de la economía requiere tiempo; para consolidar estos avances, los sectores progresistas señalan la importancia de asegurar la continuidad del proyecto.
En este escenario, la figura de Iván Cepeda emerge como un relevo natural. Su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y su compromiso con la Paz Total buscan garantizar que el Estado funcione como un escudo para los humildes, evitando la acumulación de los más ricos. Dar continuidad a este rumbo con Cepeda implica consolidar una pedagogía del cuidado, donde el agua, la selva y la vida del trabajador tengan más valor que las acciones de cualquier multinacional.
La transformación de Colombia es una carrera de relevos donde la meta final es la equidad y la calidad de vida de las mayorías sociales. La ciudadanía tiene un papel clave respaldando procesos que unan la sostenibilidad medioambiental con la equidad, recordándonos que proteger el territorio es el único camino para sembrar una paz duradera.