Fuente EFE
Mientras las cifras oficiales elevan a 83 el número de personas fallecidas en la frontera de Ceuta —72 en el lado español y 11 en el marroquí—, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha elegido calificar la gestión de España y Marruecos como “eficiente y eficaz”. Sus palabras, pronunciadas este lunes, han provocado una ola de indignación entre organizaciones de derechos humanos que llevan días denunciando la falta de una respuesta humanitaria ante 83 personas fallecidas en la frontera.
Von der Leyen insistió en la necesidad de una “respuesta europea común” y “solidaria” ante la crisis, un término que contrasta con la realidad sobre el terreno: miles de personas continúan llegando a la ciudad autónoma en condiciones extremas, y la Audiencia Nacional ya ha pedido a la Policía que aclare si la entrada masiva de la semana pasada respondió a una acción concertada entre ambos gobiernos, justo antes de las elecciones generales marroquíes del 23 de septiembre.
El elogio de Bruselas llega en un momento en que las principales voces críticas señalan que la Unión Europea prioriza sistemáticamente el control de fronteras sobre la vida de las personas migrantes. Hablar de eficiencia cuando la cifra de muertos supera las ocho decenas supone, para buena parte de la sociedad civil, una forma más de invisibilizar el sufrimiento humano detrás de las políticas migratorias europeas.
La tragedia de Ceuta no es un hecho aislado, sino la consecuencia de años de externalización de fronteras, acuerdos opacos con terceros países y una Europa que mide el éxito de su política migratoria en función del número de personas que consigue frenar, no de las vidas que logra salvar. Mientras los líderes europeos hablan de gestión eficiente, las familias de las víctimas siguen esperando explicaciones y justicia.