Los microplásticos ya no son únicamente un problema medioambiental. Distintas investigaciones han detectado estas diminutas partículas en sangre, pulmones, placenta, leche materna, semen y tejido testicular, demostrando que pueden penetrar en el organismo y alcanzar diferentes tejidos.
La preocupación científica está ahora en determinar qué ocurre cuando permanecen en nuestro cuerpo. Los estudios experimentales han relacionado la exposición a microplásticos con procesos de inflamación, estrés oxidativo y alteraciones celulares, mientras que también se investiga su posible relación con problemas cardiovasculares, respiratorios y reproductivos. Sin embargo, todavía no existen pruebas suficientes para afirmar que los microplásticos sean responsables directos de enfermedades concretas en humanos.
Una de las vías de exposición que más atención está despertando es el agua embotellada. Investigaciones recientes han encontrado miles de partículas por litro y han estudiado incluso su capacidad para atravesar barreras celulares. El calor, el desgaste y determinadas condiciones de almacenamiento pueden favorecer su liberación desde los envases.
La amenaza, por tanto, no está todavía completamente definida. Pero la ciencia ya ha confirmado algo inquietante: el plástico que nos rodea también puede acabar dentro de nosotros.





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