¿Y si una batería pudiera cargarse no solo con electricidad, sino también retirando dióxido de carbono del aire?
Un equipo de investigadores ha desarrollado un sistema electroquímico basado en hidróxido de níquel para captura directa de CO₂.
La célula experimental más pequeña funcionó durante 5.000 horas, más de medio año, manteniendo su capacidad de captura. Después, los investigadores construyeron una versión mayor formada por nueve módulos y demostraron su funcionamiento durante 48 horas.
La tecnología utiliza electricidad y evita parte del calor que necesitan otros procesos tradicionales de captura directa.
En el sistema ampliado, el consumo registrado equivalió a unos 0,83 MWh por tonelada de CO₂ capturada. Los investigadores plantean una ruta futura para bajar de 100 dólares por tonelada, pero esa cifra es todavía una proyección tecnológica, no un coste comercial alcanzado.
Y ahí está el matiz fundamental.
Capturar carbono puede ser útil para compensar emisiones difíciles de eliminar o incluso retirar parte del CO₂ acumulado durante décadas.
Pero ninguna máquina debería convertirse en una excusa para seguir emitiendo como hasta ahora.
Es mucho más eficiente evitar que una tonelada de CO₂ llegue a la atmósfera que tener que perseguirla después, cuando está enormemente diluida en el aire.
La transición climática necesitará probablemente muchas herramientas.
Renovables.
Eficiencia.
Electrificación.
Protección de ecosistemas.
Y quizá también tecnologías capaces de retirar parte de aquello que ya emitimos.
La captura de carbono puede ayudar a reparar.
Pero primero tenemos que dejar de aumentar el daño.





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