La biodiversidad en los campos españoles atraviesa una situación cada vez más preocupante. Las poblaciones de aves agrarias han disminuido un 27% en menos de tres décadas, un declive que los expertos consideran un claro indicador del deterioro de los ecosistemas agrícolas y de la necesidad de transformar el modelo de producción. La advertencia se ha lanzado durante el XXVII Congreso Español de Ornitología y el VIII Congreso Ibérico de Ornitología, celebrados en Granada.
Durante el encuentro, científicos y especialistas presentaron la Declaración de Jaén sobre Agricultura y Biodiversidad, un documento que reclama situar la naturaleza en el centro de las políticas agrarias. El texto resume su mensaje con una idea contundente: «Sin biodiversidad no hay agricultura viable, sin agricultores no hay biodiversidad agraria posible y sin políticas, mercados y consumidores alineados, la transición no escalará».
Los investigadores explican que la agricultura intensiva, la desaparición de lindes, barbechos y setos, el uso masivo de plaguicidas y fertilizantes, así como la simplificación del paisaje agrícola, han reducido el alimento y los lugares de reproducción de especies como la perdiz roja, la codorniz, el cernícalo primilla o la alondra común.
Las aves del campo desempeñan un papel esencial en el equilibrio de los cultivos, ya que ayudan a controlar plagas, dispersan semillas y contribuyen al buen funcionamiento de los ecosistemas. Su desaparición no solo supone una pérdida de patrimonio natural, sino también una amenaza para la propia producción agrícola y la seguridad alimentaria.
Los expertos reclaman incentivar prácticas agrícolas más sostenibles, recuperar espacios naturales dentro de las explotaciones y reforzar las políticas de conservación. Aseguran que proteger la biodiversidad no es un obstáculo para el campo, sino una condición imprescindible para garantizar una agricultura más resiliente, productiva y capaz de afrontar los desafíos del cambio climático.





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