Cuando la pandemia obligó a Roberto Rea Hernández a quedarse en casa, no apareció una gran empresa para ofrecerle una solución.
Aparecieron botellas de plástico.
El mexicano de Salamanca, Guanajuato, comenzó a aprender mediante vídeos cómo transformar PET usado en escobas. Incluso tuvo que fabricar parte de sus propias herramientas porque las máquinas comerciales resultaban demasiado caras.
Cada producto necesita alrededor de 30 botellas de plástico, que son cortadas hasta formar largas tiras utilizadas posteriormente como cerdas.
El resultado es una escoba que Roberto asegura que puede durar más de un año. Lo que para otra persona habría terminado en un contenedor se convierte así en una herramienta doméstica y una pequeña fuente de ingresos.
Su proyecto nació también de una necesidad económica. Roberto había dejado temporalmente su trabajo por pertenecer a un grupo de riesgo durante la pandemia.
Pero después pensó más allá de sí mismo.
Explicó que quería crear un taller en el que pudieran participar personas mayores y personas con discapacidad, combinando reciclaje con ingresos y actividad comunitaria.
Conviene distinguir este trabajo de una solución global al problema del plástico.
Reutilizar botellas alarga su vida, pero no evita que el PET exista ni sustituye políticas para reducir envases de un solo uso.
Lo interesante ocurre en otra escala.
Una botella puede fabricarse industrialmente, utilizarse durante unos minutos y convertirse inmediatamente en residuo.
Roberto invierte el recorrido.
Recoge treinta objetos diseñados para desecharse y los convierte en algo destinado a durar.





Deja un comentario