Miles de paneles solares cubren ya montañas de Guizhou, en el suroeste de China.
Pero debajo no siempre hay tierra desnuda.
En distintos proyectos crecen hierbas medicinales, pimientos, verduras y otros cultivos entre las estructuras fotovoltaicas. El modelo combina producción eléctrica y agricultura sobre el mismo terreno.
Un parque construido sobre antiguas colinas degradadas ocupa aproximadamente 1.800 hectáreas y puede generar 1.900 millones de kilovatios hora al año, electricidad equivalente al consumo de alrededor de 1,7 millones de personas.
La imagen desmonta una oposición demasiado simple: placas solares contra naturaleza.
Investigaciones recientes en terrenos degradados de China han encontrado recuperación de vegetación debajo de grandes instalaciones fotovoltaicas. Los paneles modifican sombra, viento, temperatura y humedad y, en determinados entornos secos, esas alteraciones pueden favorecer las plantas.
Eso no significa que instalar paneles “no afecte a la naturaleza”.
Sí la afecta.
Y los resultados dependen muchísimo del ecosistema. Estudios realizados en pastizales alpinos del Tíbet han encontrado respuestas diferentes según el tipo de terreno y cambios tanto en vegetación como en procesos del suelo.
La lección útil es más precisa.
Una instalación solar bien diseñada sobre terrenos adecuados puede producir energía, conservar cobertura vegetal e incluso compartir espacio con agricultura.
En Guangdong ya crecen piñas debajo de los paneles. En Guizhou, pimientos y otras plantas.
La transición energética también ocupa suelo.
La diferencia está en cómo decidimos ocuparlo.





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