Enrique Conde, presidente de CEOE-Cepyme Cantabria, vinculó el debate sobre el absentismo laboral con una supuesta “mentalidad latina”. La frase no solo es clasista: también revela cómo parte de la patronal mira a los trabajadores cuando enferman. No como personas con cuerpo, salud mental, accidentes o cuidados, sino como sospechosos culturales.
La polémica llega tras una campaña de la patronal cántabra contra el absentismo con lemas como “Mientras unos no están, otros esperan”. UGT la denunció ante Inspección de Trabajo por considerar que señala públicamente a personas trabajadoras que no acuden al puesto por enfermedad, accidente o derechos laborales.
La palabra “absentismo” sirve muchas veces como cajón tramposo. Mezcla bajas médicas prescritas, incapacidades temporales, accidentes laborales, problemas de salud mental, permisos y también ausencias injustificadas. Meterlo todo en la misma bolsa permite convertir el derecho a recuperarse en sospecha.
Cuando un presidente patronal habla de “mentalidad latina”, además, desplaza el problema hacia una caricatura cultural: somos vagos, pícaros, poco serios. Es el viejo prejuicio de clase con barniz empresarial. No mira ritmos de trabajo, salarios, precariedad, estrés, jornadas, lesiones o modelos de gestión. Mira al trabajador como culpable por defecto.
Nadie niega que pueda existir fraude. Pero una sociedad decente no construye política laboral desde la sospecha generalizada. Si una persona enferma, la respuesta no debería ser humillarla en una marquesina.
La salud no es absentismo. Y descansar para curarse no es una “mentalidad latina”: es un derecho humano básico.