Donald Trump ha convertido la crisis de Ceuta en una advertencia sobre el supuesto futuro de España.
En una entrevista emitida el 3 de septiembre por GB News, el presidente estadounidense describió la entrada masiva desde Marruecos como «una invasión de un país» y fue todavía más lejos: sostuvo que, en algunos aspectos, sería peor que una invasión militar y advirtió de que España terminará destruida o convertida en “un país arruinado”.
Ceuta atraviesa una crisis extraordinaria. Más de 72.000 personas cruzaron desde Marruecos a finales de julio, las capacidades locales quedaron desbordadas y miles continuaban semanas después en la ciudad. La gestión del Gobierno español ha recibido críticas de vecinos, organizaciones humanitarias y oposición política.
Eso es un problema político real.
Pero Trump introduce otra cosa cuando transforma personas migrantes en el equivalente —o algo supuestamente peor— a soldados enemigos.
Una invasión militar implica fuerzas armadas, objetivos estratégicos y violencia organizada por un Estado. La crisis migratoria de Ceuta incluye personas cruzando irregularmente una frontera, una emergencia humanitaria, problemas de seguridad y graves interrogantes sobre la actuación de Marruecos. No son categorías intercambiables.
Trump ya había utilizado Ceuta en julio para advertir de lo que, según él, ocurriría en Estados Unidos si los republicanos perdían elecciones. Ahora añade la predicción de la destrucción española.
Y mezcló incluso la cuestión migratoria con otra disputa: acusó a España de no gastar suficiente en la OTAN.
Ceuta necesita control fronterizo, acogida, seguridad, cooperación internacional y explicaciones políticas.
Trump ofrece otra herramienta:
el lenguaje de la guerra.
Y cuando quienes llegan dejan de parecer personas para empezar a sonar como un ejército enemigo, la conversación cambia mucho antes de que cambie la realidad.





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