El fenómeno climático de El Niño vuelve a cobrar fuerza y amenaza con intensificarse en los próximos meses, elevando el riesgo de fenómenos extremos en distintas regiones del planeta. Ante este escenario, surge una duda clave: ¿hasta qué punto afectará a Europa?
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las condiciones actuales en el Pacífico tropical apuntan a un episodio intenso entre julio y septiembre, lo que podría traducirse en un aumento de olas de calor, sequías e inundaciones a escala global. Los expertos advierten de que los sistemas de alerta temprana serán fundamentales para reducir el impacto sobre la población y la economía.
El Niño es un fenómeno natural que se produce cada dos a siete años, cuando las aguas del océano Pacífico oriental se calientan más de lo habitual. Este cambio altera los patrones climáticos globales, provocando temperaturas más elevadas y un incremento de eventos extremos.
En episodios anteriores, como el registrado entre 2023 y 2024, el planeta alcanzó récords históricos de calor, con consecuencias como incendios forestales, sequías prolongadas e inundaciones en distintas partes del mundo.
Las regiones más afectadas suelen ser Sudamérica, África, Asia y partes de Estados Unidos, donde el riesgo de desastres naturales se dispara durante estos episodios.
En el caso de Europa, los efectos de El Niño suelen ser más indirectos y moderados. Los meteorólogos apuntan a que podría influir en un otoño e inicio de invierno más suaves, lluviosos y ventosos, aunque no se espera que tenga un papel determinante en el verano de 2026.
De hecho, las recientes olas de calor extremas en Europa no están directamente relacionadas con este fenómeno, pese a algunas interpretaciones erróneas.
Sin embargo, los expertos sí alertan de efectos indirectos. Las alteraciones climáticas en otras regiones pueden afectar a la producción agrícola global, generando riesgos de escasez de alimentos y tensiones en los mercados internacionales que terminan impactando en Europa.
Aunque El Niño amplifica los eventos extremos, la comunidad científica insiste en que el principal motor de estos fenómenos es el cambio climático. Mientras que El Niño puede elevar temporalmente la temperatura global en torno a 0,2 ºC, el calentamiento provocado por la actividad humana ya ha incrementado la temperatura del planeta entre 1,3 y 1,5 ºC respecto a niveles preindustriales.
Esto significa que los efectos de El Niño actúan sobre un planeta ya más cálido, intensificando aún más sus consecuencias.
Voces expertas advierten incluso de que centrar el debate en El Niño puede desviar la atención del problema de fondo: la quema de combustibles fósiles y sus efectos acumulativos.
En este contexto, la gran incógnita no es solo cómo evolucionará El Niño, sino hasta qué punto el cambio climático seguirá agravando sus impactos en los próximos años, también en Europa.