En Tijuana, el Mundial dejó una escena que no cabe del todo en el marcador. La selección de Irán jugaba lejos de casa, atravesada por tensiones políticas, restricciones de viaje y un clima internacional cargado. Pero en México encontró algo distinto: una bienvenida popular, ruidosa y cálida.
El capitán iraní Alireza Jahanbakhsh lo agradeció después del empate ante Bélgica. Dijo que el equipo se sentía como en casa en Tijuana y recordó el canto que escuchaban desde su llegada: “Irán, hermano, ya eres mexicano”. AS recogió su mensaje de agradecimiento a la afición mexicana y su reconocimiento a la hospitalidad recibida durante el Mundial.
La imagen tiene fuerza porque llega en un contexto difícil. Reuters informó que, por medidas del gobierno estadounidense, la selección iraní tuvo que permanecer fuera de Estados Unidos entre partidos, mientras parte de su staff y funcionarios fueron vetados. En medio de esas dificultades, Jahanbakhsh dijo que la adversidad había unido aún más al grupo.
No hace falta convertir esto en propaganda de ningún gobierno. No se trata de aplaudir Estados ni banderas oficiales. Se trata de mirar algo más profundo: cuando los pueblos se reconocen por debajo de la geopolítica.
México sabe lo que significa ser señalado desde arriba. Sabe de muros, deportaciones, insultos, fronteras militarizadas y discursos que convierten a comunidades enteras en sospechosas. Quizá por eso, cuando vio a otro pueblo tratado como problema, respondió con una frase sencilla: hermano, esta también puede ser tu casa.
La solidaridad popular no firma tratados. No sale en comunicados diplomáticos. A veces aparece en una tribuna, en una calle, en una comida compartida o en un grito que cruza idiomas.
Mientras el poder levanta fronteras, la gente común todavía inventa formas de acercarse.
Irán no necesitaba que México resolviera el mundo. Pero recibió algo que también importa: hospitalidad, respeto y cariño en medio del ruido.