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Save the Children ha publicado un análisis sobre el impacto de la digitalización educativa en los niños y niñas en situación de vulnerabilidad en España. La conclusión es preocupante: la tecnología que debería ser una herramienta de igualdad se está convirtiendo en una nueva forma de exclusión.
El informe FOESSA de Cáritas apunta en la misma dirección: blindar la conectividad y las competencias digitales de los hogares vulnerables se ha convertido en una nueva política social imprescindible. Y sin embargo, hay familias en España que no tienen acceso a internet en casa, niños que hacen los deberes en el móvil sin datos suficientes o que comparten un dispositivo entre varios hermanos.
La brecha digital educativa tiene consecuencias que van más allá de una asignatura suspendida. El informe FOESSA señala que la ESO ya no es suficiente para garantizar la integración laboral: el título postobligatorio —Bachillerato o FP— se ha convertido en la nueva llave. Sin él, la exclusión se hereda. Y los niños que no pueden hacer deberes en condiciones tienen muchas más probabilidades de no llegar a ese título.
Save the Children exige que ningún niño quede sin conectividad, que los centros escolares tengan recursos suficientes para compensar las carencias del hogar y que los programas de becas cubran también los dispositivos y la conexión a internet.
En 2026, no tener internet en casa es una forma de pobreza. Y la pobreza digital de la infancia de hoy es la pobreza laboral de la España de mañana.