Fuente UNICEF
UNICEF ha publicado una advertencia que debería paralizar cualquier debate sobre proporcionalidad o contexto: desde octubre de 2025, cuando entró en vigor el alto el fuego, han sido asesinados 265 niños palestinos. No en combate. No como daño colateral de operaciones militares. En sus casas, según documenta el organismo de Naciones Unidas para la infancia.
«Estornudan y pueden dispararles», denunció UNICEF el 19 de junio. La frase, escalofriante en su sencillez, resume lo que los datos de la organización han verificado: la violencia contra la población civil palestina no cesó con el alto el fuego. Continuó, sistemáticamente, en los hogares.
Desde el 7 de octubre de 2023, la guerra en Gaza ha matado a decenas de miles de personas. El número exacto es difícil de verificar en medio del conflicto, pero organismos como el Ministerio de Salud de Gaza, avalados por la OMS y otras agencias de la ONU, hablan de más de 50.000 muertos. La mayoría, civiles.
Que 265 niños hayan muerto después del alto el fuego, en sus propios hogares, es una acusación directa a quienes tienen el poder de detenerlo y no lo hacen. Y es también una exigencia dirigida a los gobiernos que siguen armando, financiando o guardando silencio ante lo que ocurre.
Los niños no tienen ideología. No son combatientes. No son objetivos legítimos bajo ninguna interpretación del derecho internacional. Son niños. Y están muriendo.