Peones agrícolas, albañiles, jardineros, pescadores, personal de limpieza viaria: miles de trabajadores pasan su jornada bajo el sol sin que la ley española reconozca lo que la ciencia lleva años documentando. CCOO ha vuelto a exigir que el cáncer de piel derivado de la exposición solar laboral sea reconocido como enfermedad profesional, algo que hoy sigue sin ocurrir.
Los datos que maneja el sindicato son contundentes: las muertes por cáncer de piel no melanoma vinculado al trabajo aumentaron un 88% entre 2000 y 2019, pasando de poco más de 10.000 a casi 19.000 fallecimientos. La exposición solar prolongada en el puesto de trabajo eleva el riesgo de desarrollar la enfermedad hasta un 60%.
En España se diagnostican cada año más de 20.000 casos de cáncer de piel, y comunidades como Castilla-La Mancha —con jornadas agrícolas especialmente expuestas— concentran cerca de mil casos anuales, un 8,4% de todos los diagnósticos oncológicos de la región. Aun así, quien enferma trabajando al sol no tiene, hoy, el mismo reconocimiento que quien enferma por otras exposiciones laborales reguladas.
«Es importante considerar el calor como un riesgo laboral», resume Raquel Payo, secretaria de salud laboral de CCOO Castilla-La Mancha, en referencia a la radiación ultravioleta durante los meses de verano. El sindicato pide medidas concretas: limitar la exposición en las horas de máxima radiación, garantizar zonas de sombra, equipos de protección, formación y vigilancia sanitaria específica.
Detrás de la reivindicación hay una pregunta de fondo sobre qué cuerpos importan en el debate laboral: los que trabajan de cara al sol, casi siempre los más precarizados, siguen esperando que su enfermedad sea tan «oficial» como cualquier otra. Hasta que eso ocurra, seguirán enfermando sin que el sistema los cuente.





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