Empieza, a veces, con una inflamación en las encías.
Sin atención temprana puede avanzar rápidamente y destruir tejidos y huesos del rostro.
Se llama noma y afecta principalmente a niños de entre 2 y 6 años que viven con malnutrición, mala salud bucodental y pobreza extrema. La Organización Mundial de la Salud la reconoce desde 2023 como enfermedad tropical desatendida.
La enfermedad no es contagiosa.
Y, detectada temprano, puede frenarse con medidas relativamente básicas: antibióticos, nutrición adecuada e higiene oral. Pero cuando el diagnóstico llega tarde puede provocar graves discapacidades, dificultades para comer o hablar y enormes secuelas sociales.
La OMS estima que entre el 70% y el 90% de las personas afectadas pueden morir sin tratamiento. La pobreza y la dificultad para acceder a centros sanitarios hacen además que muchos casos ni siquiera lleguen a registrarse.
Esta semana, Associated Press mostró el trabajo realizado en Nigeria, donde hospitales especializados y organizaciones ofrecen gratuitamente complejas cirugías reconstructivas a niños supervivientes. Más de 500 menores fueron tratados en Sokoto entre 2023 y 2025.
Pero operar las consecuencias no puede ser el único objetivo.
La OMS publicó este año una nueva guía que insiste en prevención, nutrición, agua y saneamiento, salud oral, diagnóstico temprano y acceso al sistema sanitario.
El noma recuerda algo incómodo.
Hay enfermedades cuyo avance depende también de las condiciones en las que permitimos que viva una persona.
Combatirlas significa curar.
Pero también significa combatir aquello que hace enfermar.





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