Fuente: Debate
El Mundial 2026 empezó con fiesta dentro del estadio y rabia fuera. Mientras la pelota rodaba en el partido inaugural entre México y Sudáfrica, cientos de familiares de personas desaparecidas salieron a las calles de Ciudad de México para recordar algo incómodo: un país no puede esconder su dolor bajo una ceremonia global.
Según Reuters, familiares de personas desaparecidas marcharon durante el inicio del torneo para denunciar la falta de respuestas del Estado ante una crisis que afecta a cerca de 135.000 personas desaparecidas en México. Muchas de esas familias forman parte de colectivos de búsqueda que, ante la falta de apoyo institucional, rastrean por su cuenta a hijos, hijas, hermanos y madres.
La protesta no iba contra el fútbol. Iba contra el olvido. Amnistía Internacional ya había advertido antes del partido inaugural que las mujeres buscadoras debían ser “protegidas y escuchadas”, y recordó que el Registro Nacional contabilizaba 134.460 personas desaparecidas hasta el 25 de mayo de 2026. La organización pidió respetar el derecho a la protesta pacífica y evitar cualquier forma de represión.
Pero el primer día del Mundial también dejó imágenes de tensión. Reuters informó de enfrentamientos posteriores con fuerzas de seguridad, vallas derribadas y despliegue de cientos de policías antidisturbios en torno al estadio. The Guardian añadió que hubo lanzamiento de piedras y botellas, varias detenciones y agentes heridos, aunque matizó que parte de los disturbios no parecía estar directamente vinculada a la protesta política de las familias.
Ese matiz importa. No se puede criminalizar a quienes buscan a sus seres queridos por los actos de grupos concretos. La pregunta de fondo sigue intacta: ¿qué vale más, una imagen perfecta para el mundo o escuchar a las familias que llevan años buscando justicia?
El Mundial puede unir, emocionar y llenar plazas. Pero si se celebra sobre el silencio de las víctimas, también puede convertirse en un escaparate de desigualdad. México inauguró el torneo con goles, música y focos. Fuera, las madres buscadoras recordaron que hay ausencias que ningún espectáculo puede tapar.