Reuters
España se ha convertido en uno de los principales objetivos de ciberataques internacionales, situándose como el tercer país más afectado, solo por detrás de Ucrania e Israel. Así lo revela el informe Ciberamenazas y Tendencias 2025, elaborado por el Centro Criptológico Nacional (CCN-CERT), que advierte de un aumento significativo de campañas coordinadas con motivaciones políticas e ideológicas.
El documento destaca que este ascenso resulta inesperado, pero lo vincula directamente con el papel activo de España en el escenario internacional, especialmente su apoyo a Ucrania y su posicionamiento en conflictos clave. Estas circunstancias han convertido al país en un blanco prioritario dentro de las estrategias de hacktivismo global.
Según el informe, muchos de estos ataques están respaldados por potencias como Rusia y China, y no se trataría únicamente de acciones aisladas de grupos independientes. Los expertos señalan que existe un alto grado de coordinación y organización, lo que sugiere la implicación de estructuras estatales o incluso organizaciones militares en operaciones encubiertas.
Uno de los grupos más activos es NoName057, un colectivo prorruso que ha intensificado sus ataques desde el inicio de la guerra en Ucrania. Su principal método consiste en ataques de denegación de servicio (DDoS), que buscan colapsar webs institucionales y servicios públicos. El objetivo es claro: interrumpir y desestabilizar infraestructuras críticas en países aliados de Ucrania, entre ellos España.
El informe también identifica a otros actores relevantes en el panorama global de la ciberseguridad, como grupos vinculados a China, Irán y Corea del Norte. Algunos, como Volt Typhoon o Sandworm, destacan por su elevada sofisticación y su capacidad no solo para espiar, sino también para preparar posibles acciones de sabotaje digital con impacto físico en caso de conflicto.
En España, la Administración pública ha sido el principal objetivo de estos ataques, concentrando más de un tercio de las amenazas detectadas. Le siguen las infraestructuras críticas, las empresas privadas y la ciudadanía. Además del hacktivismo, el ciberespionaje y el cibercrimen completan el mapa de riesgos, con especial atención al robo masivo de datos.
Otro factor clave en esta evolución es el uso creciente de la inteligencia artificial, que ha transformado tanto las capacidades ofensivas como defensivas. Los atacantes la emplean para automatizar procesos y perfeccionar sus estrategias, mientras que las instituciones la utilizan para mejorar la detección y prevención en tiempo real.
En este contexto, el informe concluye que España se enfrenta a un escenario cada vez más complejo, donde la ciberseguridad se ha convertido en un elemento central de la seguridad nacional.