Clarín
Barcelona quiere que hasta el suelo de la ciudad emita menos. El Ayuntamiento, a través de BIT Habitat, seleccionó el proyecto Biochar para probar pavimentos con biocarbón obtenido de huesos de aceituna y restos de pino. La propuesta sustituye el filler calcáreo habitual del asfalto por este material rico en carbono.
La cifra llama la atención: el proyecto estima una reducción de hasta el 75% o 76% de las emisiones de CO₂ asociadas a la fabricación del material. No significa que el tráfico vaya a contaminar menos por sí solo, sino que la huella climática del pavimento puede bajar de forma importante.
La idea es potente porque transforma un residuo agrícola en infraestructura urbana. El hueso de aceituna, convertido en biochar, puede actuar como almacén de carbono dentro del pavimento. Además, las pruebas de laboratorio apuntan a prestaciones similares a las mezclas convencionales.
El proyecto fue presentado por AMSA y ELSAN en colaboración con la Universitat Politècnica de Catalunya, con material desarrollado por Carboliva. La fase de investigación y prototipado cuenta con 90.000 euros y se prevé que los primeros pilotos urbanos lleguen a calles reales de Barcelona en 2027, si las pruebas terminan correctamente.
No es una solución mágica. Las ciudades necesitan menos coches, más transporte público, sombra, vivienda cerca del trabajo y calles pensadas para caminar. Pero los materiales también importan. Cada obra pública deja una huella.
La transición ecológica no siempre llega como gran titular energético. A veces aparece bajo los pies.
Un residuo del olivar puede convertirse en una calle más limpia.
Y esa es una imagen sencilla de economía circular: menos basura, menos CO₂ y más inteligencia pública.