Kirill Basin quería ser congresista en Estados Unidos. Pero el vídeo que lo ha hecho conocido no muestra liderazgo, templanza ni sentido público. Muestra otra cosa: una prepotencia sin freno que fue escalando hasta la violencia y terminó de la manera más reveladora posible, en el suelo, noqueado y después esposado. Basin, de 40 años y candidato demócrata al segundo distrito congresual de Hawái, compareció en un tribunal de Maui acusado de dos cargos de amenazas terroristas en primer grado, con una fianza fijada en un millón de dólares.
Según la Policía de Maui, todo comenzó cuando un hombre de 61 años le pidió que bajara el volumen de la música en la playa de Keawakapu. Basin habría respondido insinuando que tenía un arma de fuego y que dispararía a la esposa del hombre. Después, la escena siguió subiendo de tono: un vídeo difundido por Hawaii News Now lo muestra blandiendo una silla de playa antes de que un transeúnte lo derribe de un golpe.
El testigo que intervino explicó que se acercó al ver que Basin estaba cada vez más iracundo y violento, amenazando a varias personas. Dijo que Basin lo empujó, blandió la silla y que él reaccionó para protegerse. Civil Beat añade que, durante el altercado, Basin habría sacado además un cuchillo y amenazado a varias personas antes de arrojarlo al mar, donde luego fue recuperado por la Policía.
Ahí aparece la cobardía final de tantos matones improvisados: mucha amenaza contra personas comunes, mucha agresividad para impresionar, pero ninguna grandeza cuando la violencia que desatan se les vuelve en contra. No estamos ante un simple “blooper” viral. Estamos ante un aspirante a cargo público que, según las acusaciones, respondió a una molestia mínima con fanfarronería armada, violencia física y amenazas.
Y eso importa políticamente.
Porque quien busca poder público debería soportar mejor la frustración que cualquier ciudadano promedio. Si alguien no puede gestionar una discusión en una playa sin convertirla en un espectáculo de intimidación, difícilmente puede presentarse como alguien capaz de representar a una comunidad.