Fuente: ARA
Colombia ha dado un paso histórico para proteger la Amazonía: declarar toda su parte del bioma amazónico como zona libre de gran minería e hidrocarburos. No es un gesto menor. Hablamos de más de 483.000 kilómetros cuadrados de selva, ríos, biodiversidad y territorios habitados por pueblos indígenas, comunidades campesinas y afrodescendientes.
La medida fue anunciada durante la COP30, en el marco de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Según el Ministerio de Ambiente colombiano, convierte al país en el primero de la cuenca amazónica en blindar toda su Amazonía frente a nuevas actividades extractivas de gran escala.
La noticia importa porque la Amazonía no es solo un bosque. Greenpeace Colombia recuerda que este ecosistema sostiene agua, biodiversidad, equilibrio climático y la memoria viva de los pueblos que lo habitan. La organización señala además que la Amazonía colombiana representa el 42% del territorio nacional y alberga a 64 pueblos indígenas.
Protegerla de la gran minería significa frenar un modelo que suele dejar heridas profundas: deforestación, contaminación de ríos, presión sobre comunidades y pérdida de territorios. WWF ha insistido en la necesidad de combatir la minería ilegal, el uso de mercurio y los delitos ambientales en la Amazonía, con cooperación regional y respeto a los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales.
Pero el anuncio no debe venderse como final feliz. El reto empieza ahora. El País ha señalado que todavía existen dudas sobre cómo quedará blindada jurídicamente la declaración y cómo se implementará frente a minería ilegal, grupos criminales, deforestación y futuros cambios políticos.
Aun así, el mensaje es poderoso: la selva no puede seguir tratándose como una mina esperando turno. La Amazonía es agua, clima, cultura, alimento, medicina, vida y hogar.
Colombia ha puesto una frase sobre la mesa que debería cruzar fronteras: hay territorios fuera de la lógica del mercado. Se protegen.