Fuente EFE/ David Arjona
Andalucía afronta la primera gran ola de calor del verano de 2026 con termómetros que ya amenazan con alcanzar los 42 grados en puntos del Valle del Guadalquivir. Ante la gravedad de la situación meteorológica, la Junta de Andalucía ha activado de urgencia su protocolo sanitario por temperaturas excesivas, un plan de choque coordinado por la Consejería de Salud y los centros de Atención Primaria que permanecerá vigente hasta finales de septiembre. La urgencia médica es real: el sistema ya ha atendido 427 urgencias por golpes de calor en la comunidad autónoma, principalmente en Jaén y Córdoba.
Desde una perspectiva clínica, el estrés térmico extremo actúa como un desencadenante crítico de colapsos orgánicos. El protocolo pone su diana de vigilancia en los perfiles de alto riesgo cardiovascular y respiratorio: pacientes crónicos, lactantes y personas mayores de 65 años cuyas respuestas de termorregulación biológica están debilitadas. Asimismo, los equipos obstétricos refuerzan el seguimiento a las mujeres embarazadas, un colectivo especialmente sensible a las deshidrataciones severas durante los picos de calor.
Sin embargo, el impacto del termómetro no es biológicamente neutro; está condicionado por el entorno. El plan andaluz identifica este año las zonas con mayor riesgo de exclusión social como puntos críticos de intervención. Las familias atrapadas en viviendas precarias, sin aislamiento térmico adecuado o sumidas en la pobreza energética que impide encender la climatización, sufren un efecto invernadero doméstico insostenible.
La primera línea de defensa comunitaria se articulará a través de las llamadas proactivas de Salud Responde y las visitas de enfermería familiar. El éxito de este escudo sanitario no dependerá únicamente de los algoritmos hospitalarios, sino de la capacidad vecinal para tejer redes de cuidado en cada barrio, vigilando el bienestar de quienes más nos necesitan cuando el sol aprieta.