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Barcelona volvió a mirar al cielo. Pero esta vez no para temer. Esta vez, para recoger palabras.
El 20 de junio de 2026, un helicóptero sobrevoló los alrededores de la Catedral y el Barri Gòtic para lanzar 100.000 poemas sobre la ciudad. La acción, llamada Bombardeo de Poemas, fue impulsada por el colectivo artístico chileno Casagrande y contó con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona.
La imagen tiene una fuerza difícil de explicar: octavillas cayendo donde antes cayó fuego. Barcelona fue una de las ciudades castigadas por la aviación durante la Guerra Civil. Entre 1937 y 1939 sufrió miles de impactos y más de un millón de kilos de bombas, según recogió El País en su crónica del acto.
Por eso el gesto no era solo cultural. Era memoria. El cielo, que durante décadas quedó asociado al miedo, se convirtió por unos minutos en un lugar de lectura, encuentro y libertad.
Casagrande lleva años realizando este tipo de intervenciones en ciudades atravesadas por heridas históricas. Antes de Barcelona, el proyecto pasó por Santiago de Chile, Dubrovnik, Guernica, Varsovia, Berlín, Londres, Madrid y Rotterdam, según la propia trayectoria del colectivo.
En esta edición, los textos giraban en torno a la libertad. La selección reunió a cincuenta poetas catalanes y cincuenta poetas chilenos, con poemas impresos en castellano y catalán que hablaban de memoria, cuerpo, resistencia, exilio y silencio.
La escena recuerda algo sencillo: la cultura también puede reparar. No borra el dolor. No devuelve a quienes murieron. No convierte la guerra en belleza. Pero puede cambiar el sentido de un lugar. Puede decir que allí donde hubo destrucción también puede caer una palabra.
En tiempos de ruido, odio y discursos que vuelven a normalizar la violencia, lanzar poemas desde el cielo parece un gesto pequeño. Pero no lo es.
Porque una ciudad también se defiende recordando. Y a veces la paz empieza cuando alguien recoge del suelo una octavilla y se queda leyendo.