Infobae
César Daza y José Richard Gallego demostraron que la inclusión no siempre empieza con grandes discursos. A veces empieza con una tabla de madera, dos manos y una amistad capaz de inventar un idioma.
José Richard es sordociego. Perdió la audición de niño y después la visión, por el síndrome de Usher. Aun así, nunca perdió su amor por el fútbol. César, su amigo, se convirtió en sus ojos, sus oídos y su narrador. TUDN contó que desde 2014 ambos desarrollaron un sistema para que José pudiera seguir partidos de la selección Colombia y del fútbol colombiano a través de una tabla que simula una cancha.
La idea original fue de José Richard: quería que César le interpretara un partido. La solución parecía imposible, pero encontraron un camino. Una mano representaba a un equipo; la otra, al rival. Con gestos, presión en los dedos y movimientos sobre la tabla, César le transmitía faltas, tiros de esquina, tarjetas, goles y cambios.
La historia se volvió símbolo mundial porque rompe una idea muy pobre de la discapacidad: esa que mira primero lo que falta, no lo que puede construirse. César no “salvó” a su amigo. Lo escuchó. Adaptó el mundo para que el fútbol también fuera suyo.
Infobae contó que ambos se conocieron en un grupo de asistencia para personas con discapacidad visual y auditiva en Bogotá, y que juntos perfeccionaron una técnica de narración táctil. César también creó la Fundación Sin Límites, dedicada a la inclusión laboral de personas con discapacidad.
En tiempos de estadios violentos, insultos y negocio, esta historia devuelve al fútbol a su mejor lugar: el de la emoción compartida.
La inclusión no es poner una rampa y terminar el trabajo. Es preguntar quién queda fuera. Es inventar códigos. Es cambiar la forma de mirar.
O, en este caso, cambiar la forma de ver.