El Ministerio de Educación ha dado un paso clave para reducir las ratios en el primer ciclo de Educación Infantil 0-3. La propuesta fija un máximo de 4 niños y niñas de 0 a 1 año por educadora, frente a las ratios actuales que podían llegar a 8. Para 1-2 años, el límite pasaría a 6; y para 2-3 años, a 8. La reforma se aplicaría progresivamente desde el curso 2027/2028 hasta 2030/2031 y se incluiría en una modificación del Real Decreto 132/2010.
Puede parecer un debate técnico. No lo es. En una clase de bebés, cada número importa. Cuatro no es lo mismo que ocho cuando hablamos de cambiar pañales, consolar llantos, alimentar, observar fiebre, acompañar primeros pasos y detectar necesidades.
La Educación Infantil no es aparcamiento. Es cuidado, vínculo y aprendizaje temprano. También es salud laboral para trabajadoras que durante años han sostenido aulas saturadas con salarios bajos y una carga emocional enorme.
La propuesta fue celebrada por educadores, familias y sindicatos, aunque la patronal privada alertó de posibles problemas si la bajada no llega acompañada de financiación y más personal.
Ahí está la clave. Bajar ratios sin recursos puede quedarse corto. Pero mantener aulas llenas tampoco es solución. No se puede pedir calidad educativa si una educadora debe multiplicarse hasta desaparecer.
Para educar hay que invertir. Lo que sale más caro es no hacerlo: infancia peor atendida, trabajadoras agotadas y familias obligadas a elegir entre empleo y cuidados.
La medida todavía necesita recorrido normativo y presupuesto real. Pero abre una puerta importante. Reconoce que los primeros años no son secundarios. Son el suelo donde empieza la vida social, emocional y educativa.
Reducir ratios no es un lujo. Es decir que un bebé no puede ser tratado como una cifra más en una hoja de cálculo.