Massachusetts acaba de cambiar una de las leyes sobre aborto más amplias de Estados Unidos.
La gobernadora Maura Healey firmó el 10 de agosto una norma que elimina las restricciones legales específicas que condicionaban los abortos a partir de las 24 semanas de embarazo. La nueva redacción establece que, después de ese momento, un aborto puede realizarse según el juicio profesional del médico. La ley entrará en vigor 90 días después de su firma.
Hasta ahora, después de las 24 semanas debían cumplirse categorías determinadas: peligro para la vida o la salud física o mental de la paciente, anomalía fetal letal, diagnóstico fetal grave o escasas posibilidades de supervivencia fuera del útero. Esas categorías desaparecen como requisitos legales cerrados.
Por eso el límite legal desaparece, pero conviene evitar una simplificación muy extendida: la norma no establece que cualquier persona pueda exigir automáticamente un aborto “hasta el momento del parto”. Traslada la decisión al criterio profesional del médico y al consentimiento de la paciente.
Sus defensores sostienen que la medicina necesita margen porque algunos diagnósticos devastadores aparecen tarde y la ley anterior obligó a pacientes a viajar fuera del Estado incluso ante embarazos con pronósticos extremadamente graves. Grandes sistemas hospitalarios de Massachusetts respaldaron la reforma.
Sus detractores consideran que los límites también protegen la vida fetal y advierten que la nueva formulación concede demasiado margen para abortos en fases muy avanzadas del embarazo.
Los casos tardíos son además minoritarios: datos citados durante el debate muestran 99 abortos de 24 semanas o más en Massachusetts durante 2024.
El debate enfrenta principios profundos: autonomía corporal, criterio médico, protección fetal y límites del Estado.
Pero una cosa ya ha cambiado.
La decisión sale del listado legislativo rígido y pasa a la consulta médica.
Y Massachusetts acaba de decidir que, en los casos más complejos, la ley debe dejar más espacio al médico y a la paciente.