Foto: Markus Stickling
La nube no flota. Consume electricidad, agua y suelo. Y en Aragón esa realidad empieza a tener una escala difícil de ignorar.
Los colectivos No es sequía es saqueo y Ecologistas en Acción han identificado 28 macrocentros de datos proyectados o en funcionamiento en Aragón. Según su mapa, suman una potencia estimada de 11.237,3 MW, aunque solo tres están ya operativos, con 140 MW.
El dato más fuerte es este: si todos esos centros se instalaran, podrían consumir más de nueve veces el consumo eléctrico actual de Aragón, que fue de 10.659 GWh en 2025.
No hablamos de cuatro servidores escondidos en un edificio. Hablamos de infraestructuras gigantes para sostener inteligencia artificial, plataformas, datos, comercio digital y negocios globales. La pregunta es quién paga la factura territorial.
Los colectivos denuncian falta de transparencia y piden analizar el impacto conjunto sobre energía, agua, red eléctrica y suelo. También advierten de que 24 de los 28 proyectos se concentran en la provincia de Zaragoza y en grandes ejes de desarrollo eléctrico.
El problema no es rechazar la tecnología. El problema es aceptar cualquier modelo tecnológico sin preguntar a quién sirve, qué consume y qué deja al territorio.
La inteligencia artificial se vende como futuro limpio, casi invisible. Pero sus centros de datos necesitan electricidad día y noche, los 365 días del año. También necesitan refrigeración, infraestructuras y renovables dedicadas a alimentar su propia expansión.
Aragón no puede convertirse en una batería al servicio de gigantes tecnológicos mientras sus pueblos asumen impactos y sus vecinos reciben promesas vagas de empleo.
Digitalizar no debería significar sacrificar territorio. Una transición justa también debe decidir qué consumo tiene sentido y qué negocios llegan disfrazados de modernidad.
La nube toca tierra. Y cuando toca tierra, hay que mirar quién se queda con la luz.