Fuente EFE
Galicia volvió a decir no. El pasado 14 de junio, más de 10.000 personas recorrieron A Illa de Arousa por tierra mientras 300 embarcaciones hacían sonar sus bocinas en el agua, en la sexta gran movilización contra el proyecto de macrocelulosa de Altri en Palas de Rei y contra la reapertura de la mina de cobre de Touro-O Pino. El lema lo decía todo: «El agua es nuestro futuro. Ni Altri ni mina.»
Lo que está en juego es concreto. La planta de celulosa que la multinacional portuguesa Altri quería construir consumiría 46 millones de litros de agua diarios del río Ulla, uno de los ríos más valiosos de Galicia ecológica y económicamente, que alimenta la ría de Arousa, zona de marisqueo y pesca de primer orden. El impacto sobre la lamprea, el salmón atlántico, la nutria y otras especies protegidas dentro de la Red Natura 2000 habría sido irreversible.
La presión ciudadana ha logrado que el proyecto entre en proceso de archivo —aunque el período de alegaciones mantiene abierta la puerta—. La mina de Touro, declarada estratégica por la Xunta, sigue en tramitación. La batalla no ha terminado.
«No nos van a desmovilizar porque aún hay recorrido para seguir presionando en Galicia, en España y en Europa», declararon desde la plataforma Ulloa Viva.
Lo que ocurre en Galicia es una lección sobre lo que puede conseguir la ciudadanía organizada cuando decide que el territorio y el agua son más importantes que los intereses de una multinacional.