Fuente UNAIDS/Cynthia R Matonhodze
Cuatro décadas después de que el sida emergiera como una de las crisis sanitarias más devastadoras de la historia moderna, la ONU reunió el 22 de junio a líderes mundiales, activistas y representantes de comunidades afectadas en una Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General para trazar la nueva hoja de ruta global contra el VIH para el período 2026-2031.
Los datos son, a la vez, un logro y una advertencia. Más de 32 millones de personas reciben tratamiento antirretroviral en todo el mundo. Las muertes relacionadas con el sida han caído un 70% desde su máximo histórico en 2004. Son décadas de activismo, ciencia y solidaridad internacional convertidas en vidas salvadas.
Pero 9,2 millones de personas que viven con el VIH siguen sin acceso al tratamiento. En 2024, 1,3 millones de personas contrajeron el virus y 630.000 murieron por causas relacionadas con la enfermedad. Y lo más grave: los recortes de financiación internacional —impulsados principalmente por la nueva política de «America First» de la administración Trump— están desmantelando los sistemas comunitarios que permiten llegar a las personas más vulnerables. Más del 60% de las organizaciones lideradas por mujeres han suspendido programas esenciales.
El progreso contra el sida no fue automático. Fue el resultado de décadas de lucha, activismo y decisión política. Y puede deshacerse con la misma rapidez con la que se construyó si los gobiernos dejan de financiarlo.
Acabar con el sida para 2030 sigue siendo posible. Pero requiere exactamente lo que algunos países están retirando: solidaridad, derechos y dinero.