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Donald Trump convirtió este lunes una vieja obsesión del movimiento antivacunas en política presidencial. Firmó una orden ejecutiva que reduce a 11 las inmunizaciones consideradas centrales en el calendario infantil estadounidense, promueve separar las vacunas en distintas visitas y pretende dividir la triple vírica contra sarampión, paperas y rubéola en tres inyecciones diferentes cuando existan esos productos.
Detrás aparece Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y uno de los activistas antivacunas más influyentes de Estados Unidos. Reuters describe la medida como la culminación de uno de sus objetivos históricos: reducir las inmunizaciones infantiles y continuar buscando una relación entre vacunas y autismo que décadas de investigación no han encontrado.
La pseudociencia gobierna ahora cuando una hipótesis desacreditada deja de circular únicamente por redes sociales y consigue entrar en una orden presidencial.
Trump volvió a sugerir durante la firma que las vacunas podrían relacionarse con el aumento de diagnósticos de autismo. Sin embargo, grandes estudios poblacionales y metaanálisis con más de un millón de menores no han encontrado asociación entre vacunación y autismo.
Y el momento resulta especialmente inquietante. Estados Unidos acumulaba 2.465 casos confirmados de sarampión hasta el 6 de agosto de 2026, superando ya todos los registrados durante 2025. El 94% estaba relacionado con brotes.
El miedo sustituye evidencia justo cuando una enfermedad extremadamente contagiosa vuelve a expandirse.
La orden también insta a los Estados a revisar sus requisitos de vacunación escolar y ordena al Departamento de Justicia disputar determinadas normas estatales relacionadas con las exenciones. Las competencias finales sobre vacunación escolar siguen estando principalmente en manos de los Estados.
La crítica no consiste en declarar incuestionable a cualquier farmacéutica. La ciencia exige vigilancia, transparencia, investigación de efectos adversos y controles independientes.
Pero precisamente por eso la ciencia queda fuera cuando la conclusión política aparece primero y después se buscan estudios capaces de justificarla.
Kennedy llevaba años sembrando dudas. Trump acaba de darle un escritorio presidencial. Y si esas dudas reducen la vacunación, la infancia paga después con enfermedades que la medicina ya sabía prevenir.