Fuente BBVA
La lucha contra el cambio climático tiene un escenario crucial y a menudo invisible: nuestras fábricas. Actualmente, la industria es responsable de casi el 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) y de alrededor del 18-20% en España. Al depender de procesos que requieren un calor extremo, ha sido históricamente uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Sin embargo, el tiempo apremia si queremos limitar el calentamiento global a 1,5 °C, tal como advierte la Agencia Internacional de la Energía.
La buena noticia es que el cambio ya está en marcha. En nuestro país, la industria ha demostrado que la transición es posible al recortar sus emisiones en más del 50% desde 2005. El camino hacia el futuro está marcado por la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo, que exige reducir las emisiones un 90% para 2050 en comparación con los niveles de 1990. Para lograrlo, Europa presiona con una meta volante exigente: un descenso del 55% para 2030.
¿Cómo se consigue transformar este gigante productivo? La respuesta científica combina la electrificación, el uso de hidrógeno verde, la eficiencia energética y los principios de la economía circular. No se trata solo de un escudo para proteger el clima; apostar por estas tecnologías es una oportunidad histórica para generar empleo verde y crear una economía del siglo XXI mucho más competitiva y saludable.
Cada retraso en esta transformación agrava las consecuencias climáticas y económicas que sufren las personas. La descarbonización industrial ya no es una opción de responsabilidad social, sino el único camino viable hacia un planeta habitable. Como ciudadanía, apoyar los productos de proximidad y exigir políticas de transición justa es nuestro mejor impulso para acelerar este motor del cambio.