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España ya ha entrado en déficit ecológico. Eso significa que el país ha consumido en apenas unos meses los recursos naturales que le corresponderían para todo 2026. A partir de ahora, vivimos “a crédito” con la naturaleza: usando más agua, energía, materias primas, suelo y alimentos de los que los ecosistemas pueden regenerar en un año.
Según Amigas de la Tierra, el 4 de junio España alcanzó su Día de la Sobrecapacidad. La organización advierte de que nuestro modelo de consumo equivale a vivir como si existieran 2,5 planetas disponibles. Pero solo tenemos uno.
El indicador procede de Global Footprint Network, que calcula cuándo cada país agota su presupuesto ecológico anual si toda la humanidad consumiera al mismo ritmo. En su calendario de 2026, esta fecha permite comparar la presión que cada modelo económico ejerce sobre el planeta.
El problema no es solo ambiental. También es profundamente social. Las personas con menos recursos son quienes menos consumen y, sin embargo, suelen ser quienes más sufren las consecuencias: olas de calor, contaminación, alquileres peor aislados, barrios sin sombra, alimentos más caros y servicios públicos tensionados.
Hablar de sostenibilidad no puede reducirse a pedir pequeños gestos individuales. Claro que importa consumir menos y mejor, pero el verdadero cambio exige transformar transporte, energía, vivienda, agricultura, industria y fiscalidad.
España no necesita más discursos verdes vacíos. Necesita una economía que viva dentro de los límites del planeta y reparta mejor lo que produce.
Porque cuando un país consume como si tuviera 2,5 planetas, la factura no la paga la naturaleza en abstracto. La pagan los barrios, los trabajadores, el campo, el agua y las generaciones que vienen.