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La crisis migratoria en Ceuta ha vuelto a situar a Vox en el centro del debate político. Según un análisis reciente, la formación liderada por Santiago Abascal mantiene un discurso duro contra los migrantes marroquíes, a quienes presenta como responsables de la situación, mientras evita dirigir críticas directas hacia Marruecos o su monarca, Mohamed VI.
El partido ha llegado a advertir de que Rabat podría estar detrás de un supuesto “acto de guerra”, pero en la práctica centra su ofensiva política en el Gobierno de Pedro Sánchez y en quienes cruzan la frontera, más que en las autoridades marroquíes.
Este enfoque revela una estrategia política concreta: señalar la inmigración como problema interno sin confrontar abiertamente con un socio internacional clave, especialmente relevante por su papel en el control migratorio y su relación con potencias como Estados Unidos.
Mientras tanto, la situación en Ceuta sigue siendo crítica, con miles de llegadas en pocos días y un sistema de acogida tensionado. En este contexto, el discurso político continúa polarizándose, con la inmigración como eje central de la confrontación entre Gobierno y oposición.