RTVE
Un vídeo viral atribuido a Donald Trump convirtió un supuesto momento incómodo en meme. No hace falta tratarlo como hecho verificado para entender por qué funciona: resume una política convertida en espectáculo permanente, donde el ruido tapa lo importante.
Y lo importante es esto: mientras las redes se ríen, millones de personas viven las consecuencias de decisiones económicas que golpean a trabajadores, personas pobres y clases medias.
Trump volvió a la Casa Blanca prometiendo prosperidad, pero su agenda económica ha reabierto guerras comerciales y encarecido tensiones globales. En junio de 2026, su administración propuso aranceles del 25% contra importaciones brasileñas, una medida que aumentó la tensión con Brasil y forma parte de una estrategia comercial más amplia.
Los aranceles suelen venderse como defensa nacional, pero muchas veces los terminan pagando consumidores y trabajadores mediante precios más altos, incertidumbre empresarial y empleos vulnerables.
El ataque al Estado social también avanza. Reuters informó que la administración publicó directrices provisionales sobre requisitos laborales para Medicaid, el programa sanitario que cubre a personas de bajos ingresos, mientras estados y aseguradoras esperan detalles para aplicar nuevas reglas.
Organizaciones sociales advierten desde hace años que exigir más requisitos laborales en programas como Medicaid o SNAP no resuelve la pobreza: puede dejar a personas sin comida o atención médica por burocracia, precariedad o imposibilidad de cumplir trámites.
El problema de Trump no es un vídeo viral. Es una política que convierte la indignación en circo mientras favorece a los de arriba.
Mucho ruido, mucha pose, mucho espectáculo. Pero para quienes sostienen la economía con su trabajo, el resultado huele cada vez peor.