The White House/D. Myles Cullen
La Administración Trump está avanzando en el desmantelamiento de una de las redes de observación oceánica más importantes del mundo. Se trata de la Ocean Observatories Initiative, una infraestructura científica financiada por la National Science Foundation que durante más de una década ha recogido datos en tiempo real sobre océanos, clima, ecosistemas marinos, corrientes, acidificación y fenómenos extremos.
The Guardian cifra el sistema en 368 millones de dólares y AP lo sitúa en 386 millones, pero ambas fuentes coinciden en lo esencial: la red será reducida drásticamente bajo los recortes científicos impulsados por la Administración Trump. AP informó de que parte del sistema empezará a apagarse este mes, con la retirada de una boya frente a la costa de Oregón el 16 de junio, y que la mayor parte de los instrumentos en Oregón, Washington, Alaska, Carolina del Norte y Groenlandia serían retirados para 2027.
La propia Ocean Observatories Initiative comunicó que el plan de la NSF incluye retirar infraestructura del agua en las matrices Endurance, Pioneer, Irminger Sea y Station Papa durante aproximadamente 15 meses, mientras que la matriz cableada regional seguirá operativa por ahora.
El problema no es solo científico. Es social. Los océanos absorben gran parte del calor del planeta y ayudan a anticipar fenómenos como El Niño, olas de calor marinas, tormentas, cambios en pesquerías o alteraciones de grandes corrientes. Sin datos, los gobiernos, agricultores, comunidades costeras y servicios de emergencia vuelan más a ciegas.
Científicos citados por The Guardian advierten de que reducir esta red puede degradar la capacidad global de observar el océano. El medio recoge además que perder observaciones financiadas por Estados Unidos podría aumentar en un 163% los errores en estimaciones del contenido de calor oceánico, un dato clave para entender el calentamiento global.
La decisión también ha sido cuestionada por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, que alertaron de que retirar esta infraestructura puede poner en riesgo una capacidad esencial para comprender la relación entre océanos y bienestar humano.
Desmantelar ciencia climática no detiene la crisis climática. Solo nos deja con menos herramientas para entenderla, anticiparla y proteger a quienes más sufrirán sus consecuencias.
Cuando se apagan los sensores del océano, no desaparece el peligro. Desaparece la posibilidad de verlo venir.