En Torreblanca, Sevilla, dos colegios públicos tienen ahora una segunda función. Además de enseñar, sus tejados producen electricidad que también llega a hogares del barrio.
La comunidad energética Torreblanca Ilumina instaló sistemas fotovoltaicos sobre dos centros gracias a la cesión de las cubiertas municipales. Las instalaciones comenzaron a construirse en 2023 y el autoconsumo colectivo empezó efectivamente en junio de 2024.
Actualmente, la propia asociación señala que 14 familias en situación de vulnerabilidad reciben energía del sistema, además de los dos centros educativos.
Es una escala pequeña, y precisamente ahí está una parte de su interés.
Muchas comunidades energéticas nacen entre hogares capaces de afrontar una inversión inicial. Torreblanca intenta introducir otro criterio: que la renta no determine quién puede participar. El barrio cuenta además con una Oficina de la Energía que asesora gratuitamente sobre facturas, bono social, eficiencia, deudas y problemas de suministro.
Las placas no bastan. El proyecto combina generación con acompañamiento social, educación energética y auditorías domésticas.
Tampoco ha resuelto el problema a gran escala. Catorce hogares representan una fracción mínima de un barrio de miles de habitantes. La comunidad mantiene una campaña para ampliar instalaciones y conseguir que más familias y comercios puedan sumarse.
En 2026, el Ayuntamiento de Sevilla incluyó además un programa de intervención social de Torreblanca Ilumina dentro de Sevilla Solidaria.
El caso demuestra algo que suele perderse cuando hablamos solo de megavatios.
Democratizar la energía no consiste únicamente en permitir que la ciudadanía produzca electricidad.
También exige preguntarse qué ciudadanos pueden realmente acceder a esa posibilidad.





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