Hay algo profundamente absurdo en aparecer en una movilización por un pueblo sometido a ocupación, desplazamiento y violencia estatal vestido con símbolos de una ideología que convirtió la persecución racial y el exterminio en política de Estado.
Sin embargo, grupos mexicanos autodenominados nacionalsocialistas llevan años intentando construir precisamente esa mezcla.
Una investigación publicada por Estudios Sociológicos de El Colegio de México documentó una organización mexicana que combina simbología del nazismo alemán con referencias a culturas precolombinas. Entre sus integrantes aparecían esvásticas, referencias nacionalsocialistas y teorías conspirativas sobre un supuesto “sistema sionista” que controlaría instituciones y acontecimientos mundiales.
El conflicto de Gaza les proporciona ahora un escenario perfecto para intentar reciclar su antisemitismo como si fuera solidaridad palestina.
Pero no son lo mismo.
Organizaciones que convocaron las movilizaciones mexicanas del 1 de agosto de 2026 se declararon explícitamente antisionistas pero no antisemitas y advirtieron sobre convocatorias paralelas que buscaban precisamente confundir ambas cosas. Colectivos de Morelia convocaron incluso bajo una consigna simultáneamente contraria al sionismo y al fascismo.
No he encontrado una fuente independiente suficientemente sólida que identifique a cada hombre uniformado que circula en los vídeos virales ni que demuestre que pertenecían a las organizaciones convocantes.
Y ahí está una diferencia importante.
La solidaridad con Palestina puede denunciar al Gobierno israelí, la ocupación o el sionismo político sin convertir a las personas judías en una conspiración mundial.
Los neonazis hacen exactamente lo contrario.
No llegan a estas marchas porque hayan descubierto los derechos humanos.
Llegan porque encontraron otro lugar donde intentar introducir su viejo antisemitismo.





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