Fuente Unsplah
Piden bajar impuestos, reclaman menos gasto público y critican el «Estado obeso» en cada foro empresarial. Y sin embargo, las grandes constructoras españolas —ACS, Ferrovial, Sacyr, FCC— sostienen buena parte de su facturación gracias a los contratos públicos que firman con administraciones estatales, autonómicas y locales.
Según datos de la Plataforma de Contratación del Sector Público, la obra pública mueve cada año decenas de miles de millones de euros en España, y una parte muy significativa termina en manos de un número reducido de grandes grupos con capacidad para pujar en las licitaciones más grandes: autopistas, hospitales, líneas de AVE, depuradoras.
La contradicción es evidente: estas mismas empresas exigen austeridad y bajada de impuestos a través de sus patronales, mientras dependen de que ese mismo Estado —financiado con los impuestos de todos— siga sacando concursos públicos. No es casualidad que muchas de ellas mantengan filiales en paraísos fiscales mientras cobran de las arcas públicas.
Tampoco puede obviarse que buena parte de estos contratos son legales y necesarios: la obra pública genera empleo e infraestructuras imprescindibles. El problema no es que el Estado contrate, sino el doble discurso de quienes viven de lo público mientras deslegitiman políticamente al sector público del que dependen.
Cuando el mismo empresario que reclama «menos Estado» en una entrevista firma al día siguiente un contrato millonario con ese mismo Estado, conviene preguntarse a quién beneficia realmente el relato de la austeridad. Casi nunca es a la ciudadanía que paga impuestos y sufre los recortes en sanidad o educación mientras la obra pública sigue fluyendo hacia los mismos de siempre.
Basta repasar los informes de adjudicaciones de Contratación del Estado para comprobar cómo, año tras año, los mismos grandes grupos concentran buena parte de las macro-licitaciones, mientras pequeñas y medianas constructoras quedan relegadas a subcontratas con condiciones mucho más precarias, otra cara oculta del reparto desigual de lo público.