La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ultima un convenio con una clínica de reproducción asistida para que las jugadoras de la selección absoluta puedan acceder a la congelación de óvulos, según ha adelantado Pablo Linde en El País. La medida responde a una demanda planteada por varias internacionales, que llevan tiempo señalando un problema estructural del deporte de élite femenino: el momento de mayor rendimiento competitivo coincide, casi siempre, con la etapa de mayor fertilidad.
La capitana Alexia Putellas confirmó que fueron las propias jugadoras quienes trasladaron esta preocupación a la federación. El acuerdo, todavía en fase final y con detalles previstos para la segunda mitad de septiembre, deberá resolver cuestiones nada menores: quién puede acceder al programa, qué cubre la financiación, durante cuánto tiempo se conservan los óvulos y qué ocurre con las futbolistas que abandonan la competición antes de utilizarlos.
El fútbol femenino español ya incorporó en 2025, dentro de su convenio colectivo, medidas de conciliación como ayudas al cuidado infantil. Pero la vitrificación de óvulos supone un paso distinto: reconoce, sin rodeos, que la carrera deportiva de una mujer sigue chocando con el reloj biológico que la sociedad —y el propio calendario competitivo— le impone. Desde Futpro, la asociación que representa a las jugadoras, su presidenta Marta Perarnau recuerda que muchas retrasan la maternidad por las exigencias del calendario y que, cuando finalmente deciden ser madres, se topan con la falta de estudios científicos y protocolos de recuperación tras el parto. No es un problema nuevo, ni exclusivo del fútbol: es la misma tensión que enfrentan millones de trabajadoras fuera de los estadios, agravada aquí por la exposición pública y la exigencia física.
El fútbol femenino internacional sigue sin regulación específica en materia de fertilidad —ni la FIFA ni la UEFA cuentan con protocolos claros—, lo que deja huecos en salud, confidencialidad médica y normas antidopaje que el acuerdo español tendrá que sortear. Que sea una federación deportiva la que dé este paso, y no una ley laboral general, dice mucho sobre las prioridades pendientes: la conciliación real sigue llegando tarde y de forma fragmentada, cuando debería ser una garantía básica para cualquier mujer que trabaja, gane medallas o no.





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