Reuters
La llegada al poder de Abelardo de la Espriella ha abierto una nueva etapa política en Colombia marcada por la polarización. El nuevo mandatario, identificado con la extrema derecha, asumió la presidencia tras unas elecciones muy ajustadas —con menos de un 1% de diferencia— que han sido cuestionadas por sectores de la oposición, que denuncian posibles irregularidades y hablan abiertamente de fraude electoral.
El triunfo de De la Espriella supone un giro político radical respecto al anterior gobierno. El presidente ha anunciado el abandono de la vía negociadora con los grupos armados y una estrategia basada en la confrontación directa, lo que pone en riesgo los avances del proceso de paz construidos en la última década.
Las reacciones no se han hecho esperar. Miles de personas han salido a las calles en ciudades como Cali o Bogotá para protestar contra el nuevo Gobierno, en un clima de fuerte tensión social y desconfianza institucional.
Además, la oposición, encabezada por figuras cercanas al anterior Ejecutivo, ha llamado a la movilización permanente. Aunque algunos líderes han terminado aceptando los resultados, mantienen sus dudas sobre la limpieza del proceso electoral, lo que agrava la crisis política.
En este contexto, Colombia entra en una etapa incierta. El avance de la extrema derecha, las denuncias de fraude y el posible retroceso en el proceso de paz dibujan un escenario de confrontación que pone a prueba la estabilidad democrática del país.