Europa Press
Las altas temperaturas que se están registrando este verano están modificando de forma notable la presencia y comportamiento de los mosquitos en España, generando una situación más compleja de lo habitual. Lejos de una simple proliferación uniforme, el calor intenso está provocando cambios en los ciclos de vida, la distribución y la actividad de distintas especies, con efectos directos sobre la población.
El aumento térmico acelera el desarrollo de estos insectos, reduciendo el tiempo necesario para completar su ciclo vital y favoreciendo que haya más generaciones en menos tiempo. Sin embargo, los episodios de calor extremo también pueden reducir su supervivencia en determinadas fases, lo que explica por qué en algunos momentos puede percibirse incluso una menor presencia.
Aun así, la tendencia general apunta a una expansión. En España, más de 1.800 municipios ya han detectado especies invasoras como el mosquito tigre, cuya presencia se ha extendido en los últimos años favorecida por inviernos más suaves y veranos largos.
El problema no es solo la cantidad, sino también la duración de la temporada. Las condiciones cálidas permiten que los mosquitos estén activos durante más meses al año, alargando su impacto más allá del verano e incluso hasta el otoño.
Además, el cambio climático está ampliando las zonas donde estos insectos pueden sobrevivir, incluyendo regiones que antes no reunían las condiciones adecuadas. Esto incrementa el riesgo de transmisión de enfermedades asociadas, como el dengue o el virus del Zika, cuya expansión está vinculada al aumento de temperaturas.
En este contexto, los expertos advierten de que la combinación de calor, humedad y cambios ambientales está transformando el mapa de los mosquitos en España, convirtiendo un fenómeno estacional en un desafío creciente para la salud pública y la gestión ambiental.