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España tiene 3,8 millones de viviendas sin uso. Casi la mitad se encuentran en municipios de menos de 10.000 habitantes. Al mismo tiempo, las grandes ciudades acumulan un déficit de 750.000 unidades y el precio medio de la vivienda libre cerró 2025 en 2.230 euros por metro cuadrado, un 7% por encima del máximo del boom inmobiliario. El informe Poblaciones en peligro, publicado este miércoles por el Observatorio del Alquiler, lo documenta con datos del INE y dibuja una fractura territorial de proporciones históricas.
En los municipios de menos de 100 habitantes, hasta el 70% del parque residencial está vacío o tiene un uso muy ocasional. En los de entre 100 y 500 vecinos, la proporción es del 57%. Son pueblos que también perdieron, en la última década, más de 250 escuelas y cientos de oficinas postales y consultorios de salud. Menos vecinos justifican menos servicios, y menos servicios aceleran la marcha de quienes aún quedan. Un círculo que se retroalimenta.
En el extremo contrario, las áreas metropolitanas concentran el 70% de la población tras sumar seis millones de nuevos residentes desde 2001, sin que la oferta de vivienda haya crecido a ese ritmo. El Banco de España calcula que acceder a una vivienda exige casi ocho años de renta bruta disponible por hogar.
El problema no es que falten casas en España. Es que están donde nadie puede vivir de ellas, y faltan donde todo el mundo necesita vivir. Eso no es un fallo del mercado: es el resultado de décadas de políticas territoriales que abandonaron la España rural.