Hacia las 7:45 de este viernes, unos 20 colonos entraron en las tierras de Turmusaya, al noreste de Ramala, e impidieron a dos familias recoger sus aceitunas. Según el portavoz municipal, Yaser Alkam, llevaban bidones de combustible, golpearon a los vecinos y prendieron fuego a los vehículos.
El balance de heridos es provisional y llega de varias fuentes. En Turmusaya hay dos vecinos heridos de gravedad, uno de ellos con doble nacionalidad estadounidense; un vídeo municipal muestra a un hombre con heridas en la cabeza y una pierna que atribuye a un palo con clavos. La Media Luna Roja Palestina atendió además a dos personas golpeadas en Abu Falah, una mujer de 63 años y un hombre de 40, y a otras cuatro en Burqa. En total se han quemado tres vehículos.
El ejército israelí, según Alkam, llegó unos 30 minutos después, cuando todo había pasado, y ordenó marcharse a todo el mundo. No consta ninguna versión oficial de Israel ni de los colonos, y tampoco queda claro si los tres coches quemados son siempre los mismos.
Es solo el arranque de una campaña que puede ser de las más violentas. En las dos primeras semanas de octubre, el Ministerio de Sanidad palestino contabiliza dos palestinos muertos por colonos durante la cosecha: un hombre de 44 años, padre de cuatro hijos, cerca de Nablus, y otro de 51 el 1 de octubre, al este de Salfit. Alkam asegura que este año es peor que el anterior, porque los ataques llegan a unos 100 metros del propio pueblo y «nadie puede siquiera acercarse» a los campos.
Recoger la aceituna no es una actividad más: para muchas familias es un sustento y una forma de seguir en su tierra. Cuando alguien puede entrar con fuego a impedirlo y las fuerzas armadas llegan tarde, lo que se resquebraja no es solo una cosecha, sino la protección más básica que debe garantizar cualquier autoridad.





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