Lunes, 31 de agosto de 2026
Internacional · Economía

China endurece su batalla contra la ostentación: presumir de riqueza ya no debe parecer éxito

Imagen generada con IA.

Durante años, las redes sociales convirtieron coches deportivos, bolsos imposibles y mansiones en una representación aparentemente sencilla del éxito.

China lleva tiempo intentando romper esa asociación.

Y en 2026 ha dado nuevos pasos.

La Administración Estatal para la Regulación del Mercado ordenó en julio reforzar el control sobre la publicidad exterior que glorifique el lujo excesivo, el hedonismo, el culto al dinero o estilos de vida basados en la ostentación material. La medida alcanza pantallas de centros comerciales, estaciones, transporte público y grandes espacios urbanos.

No aparece de la nada.

En 2024, Weibo, Douyin y otras grandes plataformas comenzaron a eliminar publicaciones y cuentas dedicadas a presumir de mansiones, coches de alta gama, joyas y fortunas. Algunos influencers especializados en exhibir riqueza perdieron perfiles con millones de seguidores.

El Gobierno también endureció en 2025 las normas contra el despilfarro público, limitando gastos, recepciones, viajes y proyectos institucionales considerados innecesariamente ostentosos.

Y este verano la presión llegó directamente a grandes patrimonios: China comenzó a reclamar impuestos sobre estructuras y rentas mantenidas en el extranjero, poniendo bajo mayor vigilancia alrededor de 1,2 billones de dólares en activos offshore de ciudadanos ultrarricos.

No es una guerra contra tener dinero

La campaña tiene también contradicciones.

China necesita que sus ciudadanos consuman más para reactivar una economía con demanda interna débil. Algunos economistas chinos advierten precisamente de que haber convertido el lujo en algo socialmente sospechoso puede terminar deprimiendo aún más el consumo.

El verdadero campo de batalla parece ser otro:

que acumular riqueza visible deje de presentarse automáticamente como superioridad personal.

China sigue teniendo multimillonarios, desigualdad y enormes mercados de lujo.

Lo que intenta cambiar es el escaparate.

Y con él, una idea cultural muy extendida:

que quien tiene más necesariamente ha triunfado más.

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