Dos niños pueden desarrollar una enfermedad parecida.
Pero sus posibilidades de sobrevivir pueden ser radicalmente diferentes dependiendo del lugar donde hayan nacido.
Cada año se diagnostica cáncer a alrededor de 400.000 niños y adolescentes. Cerca del 90% vive en países de ingresos bajos y medios.
En los países ricos, más del 80% de los niños con cáncer consigue curarse.
En muchos países de ingresos bajos y medios, la cifra permanece por debajo del 30%.
No se debe simplemente a que existan cánceres diferentes.
La OMS señala diagnósticos tardíos o incorrectos, dificultades para acceder a atención médica, interrupciones de los tratamientos y falta de medicamentos esenciales entre las principales causas de esa brecha. Solo el 29% de los países de ingresos bajos afirma disponer habitualmente de medicamentos contra el cáncer, frente al 96% de los países de ingresos altos.
Este septiembre, la OMS ha presentado una nueva estrategia internacional para mejorar el mercado y el suministro de medicamentos contra el cáncer infantil entre 2026 y 2030. También ha abierto por primera vez un proceso específico para evaluar medicamentos infantiles y facilitar productos seguros y adecuados para niños.
La medicina ya sabe curar muchos cánceres infantiles.
Ese es precisamente el problema moral que muestran estas cifras.
No siempre falta un tratamiento.
A veces lo que falta es conseguir que llegue.
Un medicamento no debería cambiar de capacidad para salvar una vida al cruzar una frontera.
Y un código postal nunca debería convertirse en parte del pronóstico de un niño.





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