Los héroes de Cabo Verde
Cabo Verde quedó fuera del Mundial, pero se fue dejando una de esas imágenes que explican por qué el fútbol todavía puede ser algo más que dinero, jerarquía y camisetas pesadas. Argentina ganó 3-2 en la prórroga, con un gol de Romero en el minuto 113, después de que Cabo Verde empatara dos veces a la vigente campeona del mundo y la llevara hasta el límite.
No fue una heroicidad de postal. Fue fútbol de verdad. Un país debutante, el más pequeño por población que ha llegado a una fase eliminatoria mundialista, se plantó delante de la Argentina de Messi como quien no tiene nada que perder, pero sí mucho que defender: una bandera, una diáspora, una infancia, una isla entera mirando la televisión con el corazón en la boca.
Conviene decirlo bien: no eran “todos amateurs” en sentido estricto. Pero tampoco eran una constelación de superestrellas. Cabo Verde llegó con futbolistas de ligas periféricas, trayectorias discretas y carreras hechas lejos del gran escaparate. Enfrente estaba la élite mundial. Y aun así, no se achicaron.
Antes ya habían avisado. Empataron 0-0 con España, campeona del mundo en 2010 y campeona de Europa, y después firmaron un 2-2 contra Uruguay, bicampeona mundial, en un grupo que parecía escrito para otros.
Contra Argentina hicieron algo más difícil que resistir: creyeron. Messi golpeó primero. Deroy Duarte empató. Argentina volvió a ponerse arriba en la prórroga. Sidny Lopes Cabral volvió a empatar. Hasta el minuto 113, la campeona del mundo tuvo que transpirar cada pelota.
Cabo Verde perdió el partido, pero ganó un lugar en la memoria. Porque hay derrotas que no bajan la cabeza. Hay equipos que se marchan eliminados y aun así agrandan el torneo.
Quienes se atrevieron a soñar no levantaron la Copa. Pero hicieron que el mundo los mirara sin paternalismo, con respeto. Y eso también es historia.