El futuro de las energías renovables necesita baterías.
Muchas.
Y eso plantea otra pregunta: ¿todas tienen que depender del litio?
Una investigación publicada el 28 de septiembre en Nature Communications acaba de presentar un nuevo material para baterías de ion-sodio que conserva alrededor del 82% de su capacidad después de 1.000 ciclos de carga y descarga en las condiciones del experimento.
El problema que intentaron solucionar está dentro de la propia batería.
Los materiales se expanden y contraen mientras los iones entran y salen. Esa tensión termina generando deterioro.
El nuevo cátodo puede modificar ligeramente su volumen mientras carga: primero se expande y después se comprime. Ese comportamiento reduce parte del estrés mecánico que normalmente degrada el material.
¿Por qué interesa el sodio?
Porque es un elemento muy abundante y las baterías basadas en él podrían complementar al litio, especialmente en almacenamiento estacionario.
En una batería destinada a guardar energía de una planta solar, el peso importa mucho menos que en un coche eléctrico.
Pero conviene evitar el titular milagroso.
Este trabajo estudia un material experimental. No significa que tengamos una batería comercial definitiva ni que el sodio vaya a sustituir completamente al litio.
Sí muestra algo más útil:
la transición energética puede necesitar distintas químicas para distintas necesidades.
La electricidad renovable llegará de muchas fuentes.
Quizá las baterías que la guarden también tengan que hacerlo.





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